domingo, 1 de junio de 2008

'Freaks'



Por Eduardo Serradilla Sanchis

Hoy voy a declinar mi puesto de opinante para cedérselo a un gran amigo y un gran columnista. La razón es que ha publicado una columna que me encantó por múltiples razones. La primera es que habla de una película por la que siento una especial querencia personal, toda una obra maestra a descubrir o a redescubrir, en el caso de que ya se conozca. La segunda es que trata de un tema de rabiosa actualidad y por último, lo que él dice, se puede decir de muchas maneras pero nunca tan bien redactado. Sin mas preámbulos les dejo con Eduardo Serradilla Sanchis y 'Freaks'



En 1932, y no sin un sin fin de inconvenientes, llegaba hasta las pantallas una de las películas más duras de cuantas se han rodado. Su título era Freaks, y su responsable, Todd Browning, actor, director, mago, contorsionista y otras tantas cosas dentro del mundo del espectáculo.


FBrowning, nacido Charles Albert, se fugó a los 16 años con una bailarina que actuaba en un circo ambulante y, una vez allí, desempeñó los más variados oficios. Browning fue “un altavoz ambulante”; es decir, la persona que vocea el programa y los más impactantes números que lo componen. También actuó de bailarín, mago, contorsionista y payaso.


Al abandonar el mundo del circo, Browning trabajó durante una temporada como actor para luego pasarse al otro lado de la cámara. Su mayor éxito llegó en 1931 al dirigir la película Drácula, protagonizada por el actor Bela Lugosi. Su forma de narrar la leyenda del famosísimo vampiro transilvano, unido al más que notable trabajo de Lugosi, convirtió a la película en todo un referente dentro del género fantástico.


Sin embargo, Browing, persona de carácter reservado y poco amante de las relaciones sociales, quería contar una historia tan personal como impactante. Para ello, Browning recurrió a sus años como feriante, en los cuales estuvo acompañado por unos seres que se salían de toda norma.


No debemos olvidar que en las décadas finales del siglo XIX y principios del siglo XX era habitual que, con los circos, viajaran lo que se conocía como Ferias o paradas de monstruos. En ellas era posible ver a todo tipo de seres deformes, muchos de los cuales lo eran desde su nacimiento y otros, a causa de un terrible accidente. El propio Browning sufrió un aparatoso accidente de automóvil, en 1915, el cual le dejó una secuela permanente en su pierna derecha y que, además, le hizo perder buena parte de su dentadura.


Uno de los mejores ejemplos de dichos seres fue Joseph Merrick, más conocido como El hombre elefante. Merrick logró abandonar su vida como una atracción de feria y vivir sus últimos años como una persona normal, en medio de la siempre controvertida Inglaterra Victoriana.


Browning vivió durante varios años con los integrantes de una de estas “Ferias de monstruos”, muchos de los cuales formarían parte del reparto de su siguiente película, Freaks.


Freaks es una película terrible, no sólo por los personajes que en ella salen, sino por lo que subyace en su interior.


La trama gira alrededor de los manejos de una petulante y manipuladora trapecista llamada Cleopatra, la cual urde un plan con Hércules, el forzudo del grupo, para manipular a Hans, uno de los enanos de la “Feria de los monstruos” y responsable de toda la administración del grupo.


En un principio Hans se resiste, pero, tras los continuos juegos amorosos de Cleopatra, éste acaba sucumbiendo a los tortuosos encantos de la pérfida fémina.


A su alrededor pululan seres tan grotescos para las bien pensantes mentes como los siguientes: Prince Radian, más conocido como el torso humano, un ser sin brazos ni piernas, pero que era capaz de llevar una vida casi normal; las siamesas, unidas por la cintura, Daisy y Violet Hilton; Elvira y Jenny Snow –ambas aquejadas de microcefalia-; Frances O´Connor y Martha Morris, dos mujeres que nacieron sin brazos y que terminaron por usar sus pies como si fueran las manos que no poseían; Peter Robinson, apodado “el esqueleto humano” por su extremada delgadez; Minnie Woolsey “Koo-Koo, la mujer pájaro –aquejada de una extraña enfermedad llamada Síndrome de Virchow-Seckel-; y Johnny Eck, más conocido como “el hombre sin piernas”.


Todos ellos forman un “museo de los horrores humano” tan vivo como cualquiera de nosotros y que chocaba frontalmente con los valores de la sociedad de principios del siglo XX.


La idea original de Freaks partió de un relato corto del escritor Tod Robbins titulado Spurs. El relato se desarrollaba en un circo ambulante y en él se abordaban temas como la lealtad y la traición, dentro del complejo universo de las relaciones humanas.


Browning adaptó el relato de Robbins y la trasladó a un circo “de monstruos” añadiendo muchas de sus experiencias personales durante sus años de feriante.


No obstante, lo más duro de la película no son los seres que actúan delante de la cámara, ni los sucios manejos de Cleopatra y Hércules. Lo peor de todo es que los únicos honestos de toda la película son los freaks que dan nombre a la cinta. Ellos no engañan, ni manipulan como los seres humanos “normales”.


Fiel reflejo de esta última afirmación es el comportamiento de F. Scott Fitzgerald, autor de El gran Gatsby, -en la época en la que se rodaba la película trabajaba como guionista en los estudios MGM- quien prefería pasar sus horas libres en compañía del reparto freak de Freaks, antes que rodeado de las estrellas rutilantes del mencionado estudio.


Los seres que retrata Browning son totalmente conscientes de su situación en medio de una sociedad que los rechaza y los aparta de cualquier convencionalismo social. Saben que son “deformidades horrendas” las cuales deberían estar en un museo, en vez de actuando en circo, como muchas personas les gritan a la cara. Y saben que sólo con la honestidad y la lealtad que se procesan están en disposición de sobrevivir, aunque sea en el pequeño mundo que se han fabricado en la feria en la que viven.


Ésta y no cualquier otra imagen de Freaks fue la que peor sentó, mejor dicho, escandalizó, a las mentes de aquellos años, no sólo en los Estados Unidos, sino en buena parte del mundo. El que Browning le escupiera a la cara de la sociedad de la época y le dijera que los Freaks eran ellos, y nos los seres que aparecían en su cinta, fue algo que muchos no pudieron soportar.


Encima, el estudio obligó al director a cortar cerca de 20 minutos de metraje y a rodar un final más digerible para la cinta. Aún así, la imagen final de Cleopatra transformada en otra “freaks”, por obra y gracia de sus compañeros de trabajo, difícilmente se puede olvidar después de haber visto la película.


Imagino que, tras un antecedente como éste, estaba claro que la sociedad acabaría por acuñar el calificativo de freaks para calificar a personas y/o grupos que salieran de las normas o no encajaran con los postulados de la ya antes mencionada “sociedad bien pensante”.


Hasta ahí, de acuerdo. Muchas veces me han llamado freak por no comulgar con muchos de los preceptos comúnmente aceptados –sobre todo en una sociedad como la nuestra, donde lo importante son las apariencias-.


En lo que no estoy tan de acuerdo es en que se califique a determinados ejemplos mediáticos como si fueran freaks.


Y no me entiendan mal.


No pretendo ser elitista y exclusivista, cual integrante de uno de esos club de los que Groucho Marx nunca pertenecería. Lo que me molesta es que ponga a la misma altura a un freak de toda la vida –persona que procesa o tiene una afición, gusto, querencia que lo aparta de la norma- con cualquiera de los ejemplos prefabricados que invaden las parrillas de televisión, los programas del corazón, o las tertulias radiofónicas.


Esos personajillos, algunos de los cuales han llegado a ser considerados como “embajadores de la imagen de nuestro país en el exterior” distan mucho de ser uno de los freaks recreados por Browing en su película.


Los falsos “freaks” a los que yo me refiero son un producto vacuo y sin sustancia, orquestado a modo de broma pesada por quienes se creen mucho más listos que el resto de los ciudadanos. Poco o nada tienen que ver con los Hans, Daisy, Violet, Elvira, Peter o John que aparecían en la cinta de Browning.



Aquellos Freaks tenían una moral y una ética que estos “freaks” de mentira ni conocen y ni siquiera ambicionan tener. Son unos freaks de “cartón piedra” a los cuales se los llevará el viento del olvido, algo que no ha pasado con los personajes que Browning retrató en su película.


Al final el tiempo pone a cada cual en su sitio, por mucho que a algunos les pese.



Esta columna es propiedad de su autor. Este blog no se hace responsable de las opiniones expresadas por terceros. Freaks es una produccion MGM propiedad de Time Warner.

Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal

Por Juan Pedro Rodríguez Marrero

Indiana Jones; Uno de los grandes personajes de la historia del cine, casi tanto como el de sus artífices, George Lucas y Steven Spielberg, por no nombrar a Harrison Ford, pronunciarlo te hace asomar una sonrisilla socarrona en los labios y enseguida se te llena la mente de mil aventuras donde de seguro hallarás tesoros, chica y peligros.

En esta ocasión afrontaremos un film con regusto a despedidas, y es que Harrison Ford tiene 66 años, que a tenor de lo que se puede ver no parece óbice para interpretar al Indy de siempre pero el implacable tiempo que hace mella en todos está ahí y nos pone de nuevo en su sitio, de hecho no escapa a nadie que se le ve desde el principio mas avejentado pero es que el papel, que se adapto para él, se pensó para un Indiana más maduro, de hecho desde un principio se pensó también para un Indiana y su padre, pero Sir Sean Connery, 12 años mayor que el propio Harrison, decidió dar por finalizada su carrera en el cine, así que nuevamente se arreglo el borrador para solventar este impasse. Es ante todo un homenaje a los fans acérrimos de la saga, hay un buen puñado de guiños dispersos por toda la cinta, pero el ambiente de los 50 con su convulsa situación en plena guerra fría, la realidad de este maduro Indy, así como otros detalles, la aleja un poco de ese aura de juventud y desenfreno que transpiraban las otras, de hecho no son comparables y los guiños de los que antes hablaba se presentan no como flashbacks si no como fotos en el viejo álbum del abuelo. Pero todo lo dicho suena a “horrible película” y no es para nada el caso. Como ya hiciera James Bond, el Dr Henry Jones Jr. tiene que adaptarse a los nuevos tiempos o al menos acercase más en el tiempo a los nuestros y si de paso demuestra que puede seguir dando caña, pues que le den su sombrero, su pistola y su látigo que a dar caña vamos.

Los efectos especiales son geniales habida cuenta de que en plena era informática se ha recurrido a los viejos trucos de Hollywood, como cuando George, Esteven o James Cameron empezaban a dar nuevos bríos a la industria cinematográfica.


El reparto, que en principio no desconcierta luego si lo hace, Harrison Ford, nos devuelve a nuestro Indiana de siempre, encaja y da mamporros con la naturalidad que da el oficio y sigue teniendo ese punto alocado de cuando empezó y aun no llevaba sombrero, aunque tenga 20 años más. Los autores conscientes de las antes citadas pegas sobre la edad, lejos de maquillar lo obvio se regodean en ello y en varios chistes se hace alusión a la edad y la forma física de el mas que preparado arqueólogo que demostrara lo herrado de las afirmaciones. De hecho su trepidante acción hace que la cinta se pase volando.


Karen Allen, regresa directamente del limbo de los personajes anteriores, para traernos a la siempre combativa y adorable Marion, los años la han tratado bien y no ha cambiado un ápice desde que se dedicaba a derrotar Sherpas en un juego de resistencia al alcohol.

Un recién llegado a la saga, Shia LaBeouf. Este joven actor, que en principio parecía avocado a películas de adolescentes, después de demostrar que puede con el cine de acción y entretenimiento en TRANSFORMERS,

hace su entrada triunfal a lomos de una Harley Davidson Vtwin de la vieja escuela al mas puro estilo Marlon Brando. Glorioso, vive Dios, glorioso. Cuando lo vean me ponen un comentario y si osan me lo desmienten.


Y como no; Cate Blanchett que parece estarse especializando en grandes damas; desde que la viéramos encarnar a la soberana de Lothlorien, la dama Galadriel, pasando por Katharine Hepburn en EL AVIADOR, o a la inolvidable dama de Inglaterra la reina Elisabeth. En esta ocasión nos trae a Irina Spalko una de las malas de película más notables de esta saga y de muchas otras y para no salirse del círculo de las grandes damas se la presenta como el ojito derecho de Stalin. Recurriendo al simple juego de las comparaciones supera con mucho a Belloq en dureza, es mucho más diligente que Mola Ram y dobla en carisma a Donovan y en frialdad a Elsa al tiempo que no recurre al ya demasiado visto juego de la seducción, de hecho es como hablar con la repelente sabelotodo de la clase y además tiene un puntito místico con esos ojos de gata y ese corte de pelo a lo cacerola.


Resumiendo; si quieren rememorar el pasado vayan a verla, si quieren ver acción a raudales vayan a verla, si quieren pasar el rato vayan a verla y, ¡qué demonios!, no existe razón o excusa para no ir a verla.


Recomendación para Freaks y fans de la saga; saliendo de la sala enfilen hacia el Burguer King (no; no me pagan comisión) y háganse con las cuatro jarras cerveceras de la película que dan con el menú previo pago de un euro la jarra, eso sí con tan solo un menú y 4€ hay establecimientos que proporcionan los 4 modelos, investiguen primero. Les aseguro que molan un mazo. Me gustaría dar las gracias a mi amigo Toni por patrocinar el menú y la película, sin su inestimable ayuda esta crítica no hubiera sido posible y a mi hermana por dejarme 1€ en la cartera sin su despiste yo no tendría esta estupenda jarra, brindare a vuestra salud la próxima vez que me pegue una birra. Otro día te invito yo, pero ustedes no se me hagan los locos y vayan a verla sin demora, aunque no pague otro.

Parte de la informacion esta extraida de IMDB. Las fotos son propiedad de Paramount. todos los derechos reservados. Mi amigo Toni es propiedad de su novia. Sus derechos son cosa de ellos.